Friday, October 20, 2017
La Otra Cámara | Base de Datos de Documentales sobre Fotografía
Spotlight

El día que Joel Meyerowitz conoció a Robert Frank

Joel Meyerowitz en un video que realizó de la editorial Phaidon con motivo de la edición de su libro Taking my timenos explica el punto de partida de su carrera profesional como fotógrafo. Fué en un encuentro casi casual con Robert Frank, su metodo de trabajo le cautivó hasta conseguir una transformación integral que lo llevó a fotografiar la calle.

Traducción

El día que fui a ver a Robert Frank hacer fotografías para el libro que yo había diseñado, Yo era un director de arte junior que estaba disfrutando de mi trabajo y no tenia ninguna intención de dejar de hacer lo que estaba haciendo. Por las noches y los fines de semana cuando me sentía con ganas pintaba y también estudiaba historia del arte. No vivía mal, tenia un buen trabajo me ganaba bien la vida y podía ir tirando. Organizaba giras y estaba en la escena artística de los amigos de (William) Garnett en Nueva York, que eran pintores. Sentía que lo que estaba haciendo tenia futuro.

No estaba buscando cambiar nada, pero cuando llegué al lugar donde Robert estaba entonces trabajando, era simplemente un apartamento en Stuyvesant Town de un edificio que fue construido probablemente en los años cuarenta o cincuenta, la manera en que Robert trabajaba con esas dos niñas de 11 ó 12 años de edad? apenas hablaba con ellas, de vez en cuando susurraba o usaba un poco de lenguaje corporal para conseguir que se acercaran o movieran la cabeza. Él estaba muy concentrado en la escena pero no ocupaba mucho espacio y yo estaba detrás suyo todo el tiempo. Él no me conocía, francamente, me dijo “OK, este es el libro, ah fantástico…” eso fue todo.

Pero estando detrás de suyo podía ver por encima del hombro a las dos niñas, se estaban maquillando, almorzaban leche con galletas, estaban haciendo allí los deberes, jugaban con muñecas. Era terriblemente aburrido para mí, pero viendo a Robert moviéndose con la cámara así y escuchando el click, click, click. Y cada vez que el hacia click (disparaba) lo hacia cuando una de las chicas hacia algo: se cepillaba el pelo, se inclinaba o bebía leche. Gestos, cualquier pequeño gesto parecía tener significado. Fue sorprendente para mi estar detrás de él y esperar el click en el momento exacto y así yo empecé a tener anticipación, como si lo dijera para mi mismo, como un juego. Yo sentía el ritmo del flujo, como la acción progresaba hasta alcanzar el momento de máxima tensión hasta que Robert disparaba y sus gestos podían guardar esos momentos. Yo pensé que era algo increíble, fluido y real, e incluso tenia momentos de revelación, revelación a gran escala pero eran revelaciones visuales.

Todo eso que vi me influenció de tal manera que cuando salí a la calle todo me parecía dinámico: si alguien alzaba la mano para parar un taxi yo tenia en mi mente el movimiento, era solo una mano al final del brazo, pero se transformaba en una revelación poética. O cuando una madre que empuja el carrito de su bebé se para y se inclina para acariciar al niño allí aparecía (la escena de) la Virgen. Y entonces esas revelaciones se iban sucediendo calle tras calle, me daba la sensación de que el mundo me estaba inundando con todo lo parecían ser las cosas más ordinarias y casuales.

Yo no sabia nada de fotografía, no tenia un libro sobre fotografía ni sabia nada sobre cámaras, pero la energía estaba tan viva solo porque yo acababa de ver como Robert se movía y capturaba los momentos de máxima tensión. Yo creía que físicamente el método de trabajo era estático y me pareció increíble, físico y sensualmente, incluso en una dimensión espiritual si puedes sentir esos gestos como parte del espíritu de la gente.

Después de esto fui a mi oficina y mi jefe me pregunto como había ido, le dije que quería dejar el trabajo. Me dijo que qué había pasado y le conteste que quería ser fotógrafo. Me contestó, “Oh es fantástico pero ¿tienes una cámara? Si tu tienes fotografías en tu mente necesitas una cámara” Abrió un cajón saco su Pentax y me dijo “usa esta”. Con ese gesto el dio sentido a todo lo que había pasado. No me dijo “no puedes hacerme esto” o “no me puedes dejar tirado, te necesito aquí” solo me dijo “es un placer para mi, haz tu camino”. Él lo entendió porque era un artista y también buen amigo de Robert (Frank)

A veces tienes suerte en la vida y recibes una bendición de alguien que habla tu mismo idioma, este valora que solamente te has unido al viaje y así ya no andas perdido, ¿sabes?


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